No lo baja nadie a este Bullense, cada día más afianzado y más mortífero. El Molina plantó cara en la primera parte pero quedó reducido a cenizas en el complemento. Dos mordidas de la «Cobra» Piqueras desataron la locura. Ilusiónese, porque ésto no se vive todos los días.
Ver la tribuna del Nicolás con los brazos en alto, puños apretados, y decenas de bocas llenas de gol tienen su contexto y su explicación: Éste equipo despierta ilusiones de antaño que se creían perdidas. Y cómo no ilusionarse? Hoy ganó con solvencia, sigue con la valla menos vencida y con el máximo artillero del campeonato. Y en dos semanas viene el Abarán. Sí señor@s, tienen licencia para volar bien alto.
Fue un domingo bien futbolero. La gente se fue sumando de a poco, en un primer tiempo sin mucha historia que contar ya que ambos equipos se midieron, se estudiaron y trataron de lastimarse, sin éxito. Las gambetas de Enri, la simpleza clarificadora de Eloy, las pinceladas de «Juguete» Alcaraz y la amenaza constante de Piqueras fueron lo más destacado de los primeros 45 minutos. Se olía la sangre pero no llegaba la estocada, peligrosa circunstancia que ya le ha costado algunos puntos al equipo de Mapeka.
Todo cambió en el complemento, porque el Bullense asumió su papel, amainó su propia ansiedad, y le dio rienda suelta a su costado izquierdo con la entrada (feliz regreso) de Yordy Tafur. Fue la pieza que prendió los motores rojiblancos, porque Eloy encontró los espacios para dar juego, Alcaraz se liberó y sobrevoló todos los sectores y Yordy, junto con Jesús Palazón, hirieron de muerte a la ya castigada zaga molinense.
Así, era cuestión de tiempo que asomara la «Cobra» Piqueras, abriera sus fauces y descargara veneno en el arco visitante: Primero con un zurdazo abajo que derribó la muralla de Molina. Poco después un remate de Alcaraz dejó a la «Cobra» delante del arquero que despejó con su pie. Más? Claro que sí! Tanto fueron Palazón y Yordy que en un centro llovido fue «Juguete» quien alcanzó a capturar un rebote y hacer estallar el travesaño. Más? Otra vez Piqueras ante el arquero y la pelota que vuelve a besar el travesaño. Como pueden ver, a esta altura el partido es ya un monólogo rojiblanco tejido por Eloy, trabajado por Alí, acicalado por Alcaraz, interpretado por Palazón y Yordy y apuntalado por un Piqueras que tenía guardada la fresa del pastel: la «Cobra» recibió una dejada de cabeza de Alcaraz en la puerta del area, y con una media vuelta majestuosa volvió a morder (ésta vez de derecha) para desatar la locura en los cuatro costados del Nicolás, al que no se le veía esa animosidad desde hacia rato.
Y ojo, porque la tarde pudo haber sido una obra digna del museo del prado: El tercero estuvo en manos del «Pajaro» Adrián López primero y de Piqueras después. La «Cobra» pudo haberle puesto un broche de oro y diamantes a su tarde cerrando un hat trick, pero la pelota, caprichosa dama, se fue rozando el palo. Poco importó. La tribuna se rompió las manos aplaudiendo a su goleador y a su equipo, que otra vez confirmó su estado de gracia y que sacó licencia de honor. Licencia para volar y licencia para soñar.
Si se lo perdieron, no se lamenten. En dos semanas viene el Abarán. Vayan entrando en pista.
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